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Categoría: Literatura

Gueorgui Gospodínov
mayo 8, 2025

Texto en construcción

Diario de lectura

La lectura es un proceso en continua construcción.

Bulgaria

“Escribo en primera persona para cerciorarme de que sigo vivo.
Escribo en tercera persona para asegurarme de que no soy una mera proyección de mi propio yo, de que soy tridimensional y tengo cuerpo. A veces empujo un vaso y percibo con placer cómo se cae y se rompe. Eso es que aún existo y que mis actos tienen consecuencias.”

Biografía

Gueorgui Gospodínov: Narrar lo efímero, preservar lo eterno

Gueorgui Gospodínov (Георги Господинов en búlgaro; Yambol, Bulgaria; 7 de enero de 1968) es un escritor, poeta y columnista búlgaro, considerado el autor contemporáneo más leído y premiado de su país y una de las voces más relevantes de la narrativa europea actual. Traducido a veinticinco idiomas, su obra abarca poesía, novelas, relatos y ensayos. Todos ellos marcados por un estilo fragmentario y una constante indagación en la memoria, el tiempo y la identidad.

Carrera profesional

Licenciado en Filología Búlgara por la Universidad “San Clemente de Ojrid” de Sofía, ha compaginado su labor literaria con una sólida carrera académica y periodística. Investigador en el Instituto de Literatura de la Academia Búlgara de Ciencias, publicó en 2005 su tesis doctoral ‘Poesía y media, un estudio sobre la influencia del cine, la radio y la publicidad en la poesía búlgara de los años 40. Además, fue redactor del Periódico Literario durante más de dos décadas y editor de la edición búlgara de la revista Granta, donde contribuyó a la difusión del relato breve contemporáneo.

En el ámbito internacional, Gospodínov amplió sus horizontes gracias a becas en el Cullman Center de Nueva York (2017) y el Wissenschaftskolleg de Berlín (2019-2020), donde continuó explorando las conexiones entre memoria y narrativa. También ha colaborado en proyectos audiovisuales, escribiendo los guiones de los cortometrajes animados Blind Vaysha (2016) y Física de la tristeza (2019), ambos dirigidos por Theodore Ushev. Asimismo, ha experimentado con videoinstalaciones como Future Cancelled (2018), integrando imagen, tiempo y narración fragmentaria, elementos esenciales de su poética.

La poesía como génesis

Antes de alcanzar notoriedad internacional como narrador, Gueorgui Gospodínov consolidó su voz literaria en el ámbito poético. Su debut se produjo con ‘Lapidarium (1992), obra que le valió el premio de debut Primavera de Sur y que ha sido traducida al checo y al alemán, este último por eta Verlag en 2017. En sus versos, ya se vislumbran los temas que recorrerán toda su obra: el tiempo, la memoria y la fragilidad de lo cotidiano. A este primer poemario le siguió ‘El cerezo de un pueblo (1996, 1998, 2003), ganador del Premio Anual de la Asociación de Escritores Búlgaros, donde profundiza en la conexión entre paisaje rural y memoria personal.

La búsqueda de identidad y la reflexión sobre el yo se hacen más explícitas en ‘Cartas a Gaustín (2003), donde aparece por primera vez el personaje de Gaustín, que posteriormente reaparecerá en su narrativa. En 2007, publicó la antología ‘Baladas y disgregaciones, traducida al alemán como Kleines morgendliches Verbrechen (2010), una muestra de su poética fragmentaria y meditativa. ‘Allí donde no estamos (2016), su último poemario hasta la fecha, refuerza su estilo contemplativo y nostálgico, consolidando su presencia en antologías internacionales como New European Poets (Graywolf Press, 2008). La difusión de su poesía ha trascendido fronteras, con traducciones al portugués, macedonio, polaco y árabe, y sus versos forman parte del repertorio del taller teatral Sfumato, que prepara la puesta en escena de Leo Eliot, Escucho Beatles, una obra basada en sus poemas.

De la poesía al reconocimiento internacional

Gospodínov comenzó su carrera literaria a principios de los 90 con dos libros de poesía premiados en Bulgaria, es cierto. Sin embargo, el éxito internacional llegó con ‘Novela natural (1999), una obra breve pero poderosa que cuestiona la posibilidad de narrar la propia vida. Publicada en español por Fulgencio Pimentel en 2020, Novela natural relata la crisis de un hombre tras un divorcio, quien intenta escribir una novela que se convierte en un espejo fragmentado de su propia existencia.

En palabras de Le Courrier, se trata de una «máquina de construir historias», donde el autor juega con la estructura posmoderna para desdibujar la frontera entre lo real y lo ficticio. The New Yorker la definió como «un debut anárquico y experimental», mientras que The Guardian destacó su capacidad para ser «a la vez terrenal e intelectual».

El laberinto de la memoria: Física de la tristeza

En 2011, Gospodínov publicó ‘Física de la tristeza, una novela que consolidó su prestigio internacional. Basada en el mito del Minotauro, la obra es un viaje por los recuerdos de tres generaciones búlgaras atrapadas en el laberinto de la memoria. Publicada en español por Fulgencio Pimentel en 2018, la novela fue traducida a dieciocho idiomas y recibió múltiples galardones, entre ellos el Premio Jan Michalski (2016) y el Angelus Central European Literature Award (2019).

Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura, la calificó como «la prosa más avanzada del continente», mientras que Alberto Manguel señaló que es «una de esas raras excepciones que se presentan al lector como absolutamente nuevas».

La repercusión de la novela trascendió el ámbito literario cuando uno de sus relatos fue adaptado al cine en 2019 por Theodore Ushev, logrando una nominación al Óscar con el cortometraje Blind Vaysha.

La clínica del tiempo: Las tempestálidas

En 2020, Gospodínov presentó Las tempestálidas, una obra que explora el vínculo entre nostalgia, política y memoria. Publicada en español por Fulgencio Pimentel en 2023, la novela ganó el Premio Strega Europeo en 2021 y el Booker Internacional en 2023, situando definitivamente a Gospodínov en el panorama literario mundial.

La historia se centra en Gaustín, un enigmático flâneur que inaugura una clínica en Zúrich donde se recrean al detalle décadas del siglo XX para enfermos de alzhéimer. Pronto, personas sanas comienzan a solicitar ingreso en el cronorrefugio para huir de un presente insoportable. Así, el pasado se convierte en un refugio distópico que amenaza con invadirlo todo. Dice el propio Gospodinov que la obra es producto del “déficit de futuro” de una sociedad consumida por la nostalgia.

«Es el tipo de literatura más exquisito, sobre nuestra percepción del tiempo y su paso, escrito con un estilo magistral y totalmente imprevisible», opinó Tokarczuk sobre la novela.

Historias robadas y la poética del fragmento

En 2024, Impedimenta publicó Acerca del robo de historias y otros relatos, una colección de veintiún cuentos donde lo cotidiano se mezcla con lo extraordinario. Entre los relatos, encontramos un cerdo que narra su sacrificio el día de Navidad, una mujer que ve el pasado con un ojo y el futuro con el otro, y viajeros que cruzan los Balcanes en trenes nocturnos mientras huyen de sus propios recuerdos.

En una entrevista reciente, Gospodínov confesó: «A veces escribo un poema que contiene un relato o un relato que puede ser poético. Me parece que sobre las tres de la tarde se abre una especie de habitación dentro del tiempo, una dimensión en la que uno puede quedarse consigo mismo».

Esta estructura fragmentaria y evocadora es un rasgo esencial de su obra. «La brevedad es importante, como el ritmo. El lector tiene que tener la posibilidad de tomar aliento tras una frase y reflexionar sobre ella», asegura.

El duelo convertido en jardín: El jardinero y la muerte

En 2025, Gospodínov vuelve a sorprender con El jardinero y la muerte, una obra profundamente personal en la que aborda la muerte de su padre. «Mi padre era jardinero. Ahora es jardín», escribe al inicio del libro, un arranque que sintetiza la esencia de esta obra que no es un libro de duelo al uso, sino una reconstrucción caleidoscópica del padre perdido.

Gospodínov escribió este texto a mano, anotando gestos, palabras y silencios durante el mes que pasó junto a la cama de su padre. «Este es el primer libro que escribo a mano, pero no hubiera podido hacerlo de otra forma», afirma.

En el libro, el escritor evoca a su padre, Dinyo Gospodínov, en todas sus etapas: el joven con chupa de cuero y cigarrillo en los años 60, el hombre de negocios fracasado de los 90 y el anciano que enseña a los periodistas el jardín de su hijo tras el Booker.

Para Gospodínov, este libro es también un homenaje generacional: «Siempre he querido escribir un libro sobre los padres de nuestra época, una generación nacida a finales de la Segunda Guerra Mundial, que vivió la pobreza de los 50 y el comunismo, y que intentó empezar de nuevo tras la caída del Muro, fracasando en el intento».

En un mundo donde la muerte se esconde y se rodea de un halo aséptico, Gospodínov recupera el acto de acompañar a los moribundos hasta el final. «En Bulgaria todavía existe la tradición de despedir a los familiares en casa. Esa lección es la más importante que nos enseñan nuestros padres: no cómo se vive, sino cómo se muere», reflexiona.

Esta obra, que mezcla humor, ternura y crudeza, es para Gospodínov un acto de exorcismo literario: «Cuando mi padre murió, me sentí perdido. Pero tras escribir este libro, la conversación entre él y yo empezó a fluir de forma más fácil, y puedo convocarlo sin dolor», confiesa.

Memoria como refugio: el legado de Gospodínov

La obra de Gospodínov, desde Novela natural hasta El jardinero y la muerte, es un mosaico de historias que exploran las fisuras del tiempo y la persistencia de la memoria. En un mundo que huye del dolor y busca refugio en un pasado idealizado, el escritor búlgaro insiste en que la literatura es el último refugio contra el olvido:

«La memoria es nuestra única forma real de inmortalidad. Para la gente común, la inmortalidad es que te recuerde la siguiente generación. Y si también lo hacen tus nietos, es lo más que puedes pedir», concluye.

Prensa

Er'Sefra
noviembre 2, 2024

DISCLAIMER: Relato en construcción

El personaje ha aparecido en este callejero y, como cualquier otro humano, está sujeto a la mutación del paso de los días. Con suerte, irá cogiendo el cuerpo que merece en el mundo secundario de este relato. Los personajes y eventos en esta obra son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Ficha policial

DATOS PERSONALES Y DE IDENTIFICACIÓN COMPLETA

Expediente Nº: GR-1234-A 

Sujeto: José Francisco Moranta Paños

Nº de identificación: no consta 

Alias: Er’Sefra 

Edad: 41 años 

Estado civil: Soltero 

Nacionalidad: Española 

Grupo sanguíneo: O+ 

Fotografía adjunta: [Sí/No] 

HISTORIAL CRIMINAL

Hurto menor: Documentado de forma incompleta en distintas localidades rurales del sur, con un patrón similar en todas las incidencias.

Fraude de identidad: Se sospecha del uso reiterado de alias en ventas de bienes de valor.

Desorden público: Observado en mercados con alteraciones para facilitar hurtos menores.

FUENTES DE INGRESOS CONOCIDAS

Mercadeo de antigüedades y objetos de segunda mano: Reportes no oficiales indican su involucración en comercio irregular de bienes históricos, a menudo en ferias itinerantes y mercados de la provincia.

Tráfico de bienes menores: Intercambios en el circuito clandestino de la frontera sur, aunque sin evidencias formales.

OBSERVACIONES PSICOLÓGICAS Y DE PERSONALIDAD

Carismático y evasivo ante la autoridad. Estilo de vida nómada y calculador en cada movimiento. El sujeto es reconocido por ser extremadamente persuasivo y habilidoso para integrarse en comunidades rurales sin levantar sospechas.

RED DE CONTACTOS

Vecinos del barrio: En el barrio del Albaicín todos tienen una palabra buena para José Francisco, desde el panadero hasta el director de la sucursal bancaria.

Parientes en la zona: Mayoritariamente en el Albaicín, conocidos por actividades similares. Es el mayor de 7 hermanos, de los que se hace cargo.

Comerciantes aliados: Contacto frecuente con mercaderes que le facilitan escapar de los controles.

Asociaciones eventuales: Registro de intercambio con miembros de grupos itinerantes que operan en mercados y ferias.

EVALUACIÓN DE RIESGO

Riesgo Moderado-Alto para el patrimonio cultural, principalmente por sus conexiones en el mercado de objetos históricos y su capacidad de evadir la ley. Se recomienda rastreo administrativo de su madre Remedios Sánchez, por posible fraude, con motivo de cobrar pensiones de jubilación por un familiar después de la muerte de ésta. Vigilancia y registro eventuales, en zonas de interés arqueológico, donde sea visto en actividad.

DOCUMENTACIÓN ASOCIADA

Licencias o permisos: Ninguno registrado en los sistemas oficiales.

Identificaciones falsas: Utiliza al menos tres alias detectados en actividades sospechosas de intercambio.

La poesía para ser libre
diciembre 15, 2023

#22 Berta y Paul

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Querido lector, quiero empezar esta entrada reconociendo que no entendí ‘Los salmos fosforitos’ (La Bella Varsovia, 2017) de Berta García Faet; pero tampoco he entendido ‘Los otros poemas’ (Kriller71, 2023), de Paul Legault. Y por eso me gustan los dos poemarios, porque me animan a ser valiente. Están hechos el uno para el otro y no es casualidad que Berta haya traducido a Paul. Ambos hablan el idioma de la polifonía y lidian con la interferencia de la experiencia humana. ¿Hay algo más real y más absurdo que esa conversación entrecortada?


  • Autor: Paul Legault

  • Traducción: Berta García Faet

  • Editorial: Kriller71

  • Cita:

«En medio de todo este alboroto sobre el tema de la bisexualidad de Dios,

el DJ de la boda intentó suicidarse».


BERTA GARCÍA FAET: «Amo a Paul Legault».

PAUL LEGAULT: «Adoro a Berta García Faet».

BERTA GARCÍA FAET: «Su imaginación multicolor me hace muy feliz».

PAUL LEGAULT: «es algo totalmente novedoso».

CÉSAR VALLEJO: «Si no he de ser hoy libre, no lo seré jamás».


  • Autora: Berta García Faet

  • Editorial: La Bella Varsovia

  • Cita:

«Toda depresión es topográfica.

Meteoritos que laten».


BERTA GARCÍA FAET: «en las conversaciones peregrinas y certeras».

PAUL LEGAULT: «puedes representarlas en tu mente».

BERTA GARCÍA FAET: «que las cosas indefinidas quieran definirnos».

PAUL LEGAULT: «Fue como aprender a no anticipar lo que vendrá después».

CÉSAR VALLEJO: «Tal es el lugar que yo me sé».


Pienso en el fragmento del poema que es un poema también, dentro de otro poema que se ríe de la propia poesía. Y pienso en una forma de pensamiento que se retuerce sobre sí misma: trágica y a la vez humorística, trilce en toda su esencia. Pienso trilce y se me olvida el hilo conductor, pero mi pensamiento no pierde nunca su ser de acto pensante. Verso es el cuerpo por el que se propaga la luz. En los poemas de Paul Legault es la forma la que ejerce de toma de tierra. En los poemas de Berta García Faet es el signo. En César Vallejo es la lluvia. La poesía es un cuerpo conductor de lectura libre. La lectura una conversación subversiva con uno mismo, desde los demás.

Escucho Radiohead, mientras receto conjeturas híbridas. La poesía no se escribe para ser entendida sino para ser un poquito más libre.


«TEETETO: ¿A qué llamas tú pensar?

SÓCRATES: Al discurso que el alma tiene consigo misma

sobre las cosas que somete a consideración»

Platón

Extraído de ‘La voz interior y su relación cognitiva con la voz autorial en la narrativa contemporánea en español’ – Vicente Luis Mora



OTRA INTRODUCCIÓN, Paul Legault

Puesto que yo escribí

estos poemas, son míos.

TÚ: Son míos después.

AMIGOS: Casamos bien juntos.

TIEMPO: ¿Te acuerdas de mí?

PEZ: Soy un recuerdo.

El océano sigue siendo ese lugar

sobre el que puedes caminar en tu mente

o si está lo bastante frío.

HIELO: También soy agua.

PLANTAS: Tiro de ti.

GRAVEDAD; El agua se mueve en mi contra

de una forma (casi) mágica

sobre la que leí.


LVIII, de Berta García Faet

Junto a querubines

en la waiting-room: apelotonada,

sólida líquida gaseosa

apelotonada

en mi escondrijo de abeja.

Miel maciza, nunca aguada, nunca vaporosa,

y qué

miel  grata!

Arreglo las flores los embarazos los tajos;

es bonito es empático

libar la miel.

Inclusive en la celda!

Cuando me enfermo, doctor,

procuro desenfermarme. Cuando me enfermo

acontece que mis órganos

se desenamoran de mí.

Machaco a mis desenamoramientos; soy 5 o 6

caballos

muybienhadados:

debo libar la miel. Carpe diem, doctor! No rezongue:

sólo quiero decir que, si

quiero,

libo la espuma la miel: me llevo en brazos

cual a una mula molida. Los mismísimos brazos

tatuados, doctor!

“Y qué animal”, dijera usted. “Y sí”, dijera yo. Lato:

no reniego

de la mula molida que, cual mi abeja, siempre más,

me liba

más

en los abrevaderos

tan y tan vulnerables.

Tan y tan gratos compañeros de celda!

Vivir es fácil!

No digáis que agotado su tesoro

la vida es una celda! Qué exageración.

Estoy un poco enferma se me

pasará. Vayámonos

a sisear sí sí sí en los lomos de las mulas, vayámonos

a entonar sol la sí sí

–pero

no, no, tranquila-

en los lomos de mi abeja. Mastiquemos un erizo

del mar vapuleemos

sin misericordia

hálitos de ángeles sin aletas sin juntos

juncos

guardados resguardados

a la sombra gualdísima de los pinos.

No soples tan fuerte, neo-niña, que te va a dar

un patatús que te van a dar

a luz que te van a dar vueltas vueltas

e inadvertidamente

te dolerá un poco!

No voy a criticar al doctor –a los doctores− que me ciñeron

la aleta mala.

Cuando alguien mente el episodio –los episodios−

voy a reírme y a rezar. No te vayas

a reír

de mis rezos, hermanito! La noche la ambulancia

caminante

sí hay camino

no se me hace

cuesta arriba, se deshace el camino al andar!

Quién anda ahí?

Aletas malas?
Regreso, infantil. No es necesario

preguntar más. No atizaré

olas épicas, no propinaré

ultrajes a mi imagen; “y qué

imagen animal”, dijera usted.

“Y sí”, dijera yo a cualquiera, a cualquiera!

Todavía sangro. Ves? Hay sangre. Hay sangre

para todos. Que no cunda el pánico, hay sangre

meteoritos jarabe sólido

líquido gaseoso

para todos.

Acontece que somos exactamente iguales,

estamos

exactamente

igual de perdidos. Igual, igual.

Propongo encontrarnos

junto a los juncos cimbreados. Y qué

miel grata, qué cima, brea! Cierto?

Piezas, trompicones,

over there, over there. Estás sorda o qué te pasa?

Los ojos de un gato
diciembre 1, 2023

#20 Fotografía y poesía

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a Tobías, mi gato persa, allá donde esté en qué universos lejanos con qué misterios

Querido lector, siempre he pensado que los gatos son antiguos sabios reencarnados.

Bukowski decía que eran sus verdaderos maestros por todo aquello que «los seres humanos sencillamente no podemos comprender»: «pero ellos no entienden, ellos dicen algo como, “¿usted dice que ha sido influenciado por Céline?” “no,” yo sostengo al gato».


Autor: Charles Bukowski

Editor: Abel Debritto

Editorial: Visor Libros

Cita: «Los gatos no tienen nada en cuenta, por eso cuando atrapan un pájaro no lo sueltan. Son un claro ejemplo de que cuando los elementos de la naturaleza entran en juego no hay nada que hacer. El gato es un diablo hermoso, nunca mejor dicho. Algunos perros y algunas mujeres acaban cediendo, pero los gatos, joder, seguirán ronroneando y bebiendo leche mientras las paredes de su casa se desmoronan a su alrededor».


Desde niño siempre me gustó observar la elegancia de sus movimientos: la paciencia en cada paso que dan, la delicadeza de su higiene personal basada en la lengua y la rapidez con la que desaparecen de tu vista en un parpadeo cuando se sienten intimidados. En mi inocencia pura de los 10 años creía totalmente que albergaban un misterio inconfesable: si un gato aprendiese a hablar nuestra lengua, quizás solo así podríamos descifrar las incógnitas de los orígenes del universo; pero lo más probable es que si un gato consiguiera hablar como nosotros, guardaría el secreto por nuestro bien.

Baudelaire decía que, cuando acariciaba un gato, lograba ver el espíritu de su amante. Son seductores, pues se alimentan de la ternura de los humanos que sucumbimos a esos ojos tan brillantes gracias a los cuales acabamos yendo al supermercado a comprarles comida. El otro día me apareció un reel en Instagram de un mono que desparasitaba a un gatito con cara de pena.

«Adoptan cuando piensan las nobles actitudes
De las grandes esfinges en hondas soledades
Que parecen dormir un sueño sin condena»

CHARLES BAUDELAIRE

Nunca me propuse fotografiar gatos como un proyecto, pero poco a poco lo fui aceptando como una costumbre: de la misma forma en que uno se vuelve hacia los monumentos más insólitos de las capitales del mundo, siempre me paro ante los gatos callejeros que observan cómodos desde los rincones más escondidos: algunos gordos y bien alimentados que disfrutan de la libertad de una doble vida, lejos de la vida doméstica donde adoptan el papel de eternos niños buenos; otros escuálidos y piojosos, capaces de buscarse la vida en las circunstancias más desfavorables, aún si para ello deban sacarle los ojos a su propio hermano. Sin embargo, todos y cada uno de ellos pueden ser cariñosos hasta la diabetes y tan terribles como para romperle el cuello a una paloma sin pestañear, si alguien se cruza en su camino hacia el hambre. Siempre inmersos en el silencio de los seres inteligentes, como si repasaran un plan previamente trazado. Fotografiar un gato es un reto y tiene algo de caza, puesto que hay que evitar, por encima de todo, los movimientos bruscos.

A causa de mi pasión por estos animales, mi abuela trajo un gato persa negro al que llamé Tobías. Era nuestro gato y los dos nos encargábamos de él. Nunca he visto un ser más precioso en toda mi vida: de pequeño tenía los ojos azules y conforme se fue convirtiendo en un desmesurado felino se le amarilleó el iris hasta contener una galaxia joven y misteriosa. Disfrutaba al jugar con él: le hacía rabiar hasta que salía disparado por los pasillos de la casa, después me acostaba y me hacía el dormido, con la mano colgando del sofá. Con el rabillo del ojo le observaba cómo intentaba vengarse de mí. Se aproximaba a ras de suelo y a pasos cortos, con el instinto asesino de sus ancestros aún en el ADN. Y cuando se disponía a abalanzarse sobre mí, le sorprendía de un grito y salía otra vez disparado. Tobías solamente me hacía caso a mí y cuando jugábamos jamás me clavaba los dientes por mucho que se cabreara conmigo. Aún recuerdo el olor a polvo mezclado con las enormes matas de pelo negro que dejaba sobre mi pecho sudoroso en verano. Cuando se hizo mayor se hizo insostenible el mantener todas las ranuras de la casa de mi abuela en Murcia a más de 30º, así que asumimos su doble vida con miedo a que alguien quisiera llevarse a tal preciosidad de gato o que pudiera hacerse daño por ahí en un mundo exterior que no conocía. Le veías caminar como una modelo de pasarela por el barrio, orgulloso de sí mismo hasta el final. Fue un gato feliz y bien alimentado. Un gato burgués de una sola vida. Cuando una setona le atropelló al dar marcha atrás, juré no volver a tener una mascota nunca más y hasta el día de hoy lo he cumplido. Mi abuela lloró más aquel día que cuando murió mi abuelo. En cada uno de los gatos que hoy fotografío me reencuentro con uno de mis mejores amigos.

¿Qué sabio reencarnado crees que fue el gato Tobías? El gato elegante y guapo.


Al igual que hice con los cuervos (‘Nunca más’), me gustaría escribir en el futuro una entrada de lectura creativa sobre la amplia simbología de los gatos en la Historia de la Literatura (que no es poca). A bote pronto, es fácil pensar rápidamente en el gato negro de Edgar Allan Poe. Sin embargo, hoy solo quería hablarte de Tobías y hacerte llegar la galería de fotos que he conformado con las fotos de mi Nikon a lo largo de los años, sobre estos seres fascinantes que habitan desde el más allá. Además, te comparto un poema que escribí al hilo de estos temas y que da título a esta galería. La relación entre fotografía y poesía es poderosa.

Puedes acceder directamente haciendo click en el título de abajo. ¡Espero que te guste!

#losojosdeungato

km0.cool | FOTOS

“El radio aproximado de la esfera del universo observable
desde el planeta Tierra es de 13 700 000 000 años luz, por lo que el diámetro si nos situamos en el centro de un extremo al otro sería aproximadamente de 27 400 000 000 años luz. Es decir, unos
259 224 020 000 000 000 000 000 km”.
WIKIPEDIA

el tiempo vive

en los ojos de un gato

el cielo estrellado brilla

en los ojos de un gato

hablar con los muertos

en los ojos de un gato

que se cruza contigo

a millones de años luz

y te cuenta el secreto.


Si has disfrutado de esta entrada, no dudes en compartirlo con es@ amig@ que te viene a la mente que le encantan porque le flipan los gatos. ¡Gracias por tu tiempo, lector! Nos leemos muy pronto. No olvides darme un like, si has llegado hasta aquí 😉

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El científico como poeta romántico
noviembre 26, 2023

#19 ‘Un verdor terrible’, Benjamín Labatut

Querido lector, esta semana quiero hablarte sobre ‘Un verdor terrible’ (Editorial Anagrama, 2020). Y he de decirte que he sentido verdadera extrañeza y fascinación al terminar la última página, como todas esas veces que uno descubre algo nuevo: el sonido de una puerta que se abre donde antes había un muro y al otro lado hay un físico teórico que actúa como un poeta romántico. Así que me he propuesto escribir un diario de lectura sobre este libro inclasificable de Benjamín Labatut, quien (según La Vanguardia) tiene ahora mismo la «aureola de escritor revelación de las letras chilenas».

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«…al hablar de los átomos el lenguaje solo podía ser utilizado como poesía».


El verso de Raúl Zurita excavado en la roca en pleno desierto de Atacama, Chile.
Estas son sus coordenadas
  24o02’49.0» S  70o26’43.0»W

Chile

Chile es un país lleno de particularidades: primero por su curiosa forma alargada que alberga una multitud de climas y paisajes (la cordillera de los Andes, el océano Pacífico, el desierto de Atacama y el estrecho de Magallanes), segundo por su cruenta historia política reciente (marcada por la dictadura de Pinochet y su modelo neoliberal de economía) y tercero por una tradición impresionante de escritores. De memoria se pueden citar fácilmente los integrantes de un Olimpo de poetas que da vértigo: como son Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Nicanor Parra o Raúl Zurita, entre otros. Para Roberto Bolaño «es un verdadero tesoro que hay en Chile, la vieja poesía chilena». Labatut dice que es un país que mira hacia afuera y que no sentirse chileno es parte intrínseca de la identidad nacional.


Benjamín Labatut presenta su libro ‘Un verdor terrible’ en conversación con Ignacio Echevarría, acompañados por la editora Silvia Sesé.

Benjamín Labatut

Precisamente es a partir de ‘Los detectives salvajes’ cuando la prosa chilena entra en el radar de los lectores de todo el mundo. Según el propio Labatut, fue gracias a Bolaño que los escritores de su generación dijeron: “Ahora sí, ahora se puede escribir”. Prueba de ello son los fenómenos editoriales recientes: tanto de Alejandro Zambra como del propio Benjamín, quien a pesar haber nacido en Rotterdam (Holanda) y de escribir en inglés, vive en este extraño país desde los 14 años. Sin embargo, confiesa que sus referentes directos se encuentran en la literatura anglosajona, al citar a Lovecraft y a Sebald como sus verdaderos faros.

  • La Antártica empieza aquí, cuentos, Alfaguara México, 2010; en Chile fue publicado por Alfaguara en 2012. Contiene 7 relatos:

    • «La Antártica empieza aquí»; «La cura de Ana»; «No me digas que no te acuerdas»; «Club de campo»; «Deseo»; «Países Bajos»; y «Alfredo en cama»

  • Después de la luz, Hueders, Santiago de Chile, 2016

  • Un verdor terrible, Anagrama, Barcelona, 2020

  • La piedra de la locura, Anagrama, Barcelona, 2021

  • The MANIAC, Pushkin Press , 2023

  • MANIAC, Anagrama, Barcelona, 2023


Azul de Prusia

La noche estrellada (1889) – Vincent van Gogh

Este relato inicial da contexto de la temática fundamental sobre la que trata ‘Un verdor terrible’: «el avance ciego de la ciencia, la más peligrosa de todas las artes humanas». Sobre esta premisa construye progresivamente un cuerpo literario en el resto de la novela. Además del contexto histórico que enmarca a la primera mitad del siglo XX como la era de la creación de los mitos modernos de la ciencia y sus terribles consecuencias prácticas. Según el propio Labatut, era un descarte de su anterior libro y, en lo personal, me resulta el relato más original de todos los que componen su libro. El autor consigue enhebrar un texto narrativo a partir de una enumeración aparentemente desordenada de hechos históricos que encuentran su propia coherencia poética conforme avanzan las páginas. El artefacto está escrito en el tono impersonal de un ensayista y es caótico pero a la vez funcional, como la mente de los científicos que protagonizan sus relatos.

“Mi libro trata de empujar al lector hacia un terreno de incertidumbre, de modo que comience a sentir las mismas dudas, la misma sospecha existencial que aquejó a los científicos sobre los que escribí”.

Uno de los precedentes de este corpus de científicos románticos es Johann Conrad Dippel. De acuerdo a su receta, se puede obtener ‘azul de Prusia’ si uno cuece las pulgas de la cochinilla en alumbre y sulfato de hierro. Este alquimista nacido en el castillo de Frankenstein (¿te suena?), allá por 1673, fue el referente directo para que Mary Shelley ideara el mítico personaje del Dr. Victor Frankenstein, por sus espeluznantes experimentos con cadáveres. Primero en la obsesión por crear oro en su laboratorio y, después, en la búsqueda del elixir de la inmortalidad: «su objetivo era pasar a la historia como el primer hombre en trasladar un alma de un cuerpo a otro, aunque fue su extrema crueldad y el goce perverso con que manipulaba los restos de sus víctimas lo que terminó por convertirlo en leyenda».

A partir de ahí, en una espectacular caída de dominó, su financiero Johann Leonhard Frisch consigue encontrar oro de verdad al hacer un uso comercial del elixir fallido, como pigmento en pintura: el mismo azul con el que Van Gogh pintaría dos siglos después ‘La noche estrellada’. Pero además sirvió para que el químico Carl Wilhelm Schelle descubriera por error el cianuro, al revolver un bote de pigmento con una cuchara manchada de ácido sulfúrico. El pigmento que serviría de símbolo en los uniformes del ejército prusiano en la Primera Guerra Mundial, también colapsaría más tarde las entrañas de los alemanes nazis que se suicidaron en masa escuchando las Valkirias de Wagner de fondo, al perder la Segunda. El mismo veneno con el que habían gaseado a sus víctimas en los campos de concentración era el que también acababa con ellos.

Son of Saul (2015) – László Nemes (ver en Filmin)

Escribo algunos ejemplos concretos de las asociaciones que hila Benjamín Labatut en ‘Un verdor terrible’ para representar la materia prima de su trabajo. Fascinado con la lógica de aquellos científicos que intentaban encontrar un orden dentro del caos del universo, a través de fórmulas matemáticas. De formación periodística, el chileno es un fabuloso investigador que escribe “sobre aquello que no entiende”. En su exposición ensayística a la vez que narrativa, camina sobre los límites entre la genialidad y la locura de unos personajes que cambiaron la percepción que hoy tenemos de la realidad: «Su mente saltaba de un tema a otro, incapaz de contener su propio impulso».


La singularidad de Schwarzschild

‘Interstellar’ (2014) – Christopher Nolan (ver en HBO Max o Prime Video)

Un agujero negro es un objeto cósmico que tiene una gravedad tan fuerte que nada puede escapar de él, ni siquiera la luz. ¿Cómo no sentir un vértigo absoluto al toparse con tremendos cálculos? Se forma cuando una estrella muere y colapsa sobre sí misma. Por otro lado, el agujero de gusano (en el que se introducen los protagonistas de ‘2001: Una odisea en el espacio’ e ‘Interestellar’) es una hipotética anomalía en el espacio-tiempo que conecta dos puntos distantes en el universo, o incluso en universos diferentes. Se cree que podría permitir viajar más rápido que la luz, pero no se ha observado ni comprobado su existencia. Por el momento, rellenamos esos interrogantes por medio de la ficción.

En el segundo relato de ‘Un verdor terrible’, asistimos a la particular odisea de Karl Schwarzschild; quien soñó por primera vez con agujeros negros de forma teórica, al descifrar las ecuaciones de la relatividad general de Einstein, desde las trincheras de la Primera Guerra Mundial: «El resultado era un abismo sin escape, separado para siempre del resto del universo». La muerte de las estrellas engullendo a la Tierra aparece, por primera vez, en forma de premonición.

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?

WILLIAM BLAKE

2001: Una odisea del espacio (1968) – Stanley Kubrick (ver en HBO Max)

De esta forma, su experiencia tan perturbadora en las trincheras se superpone con el horror cósmico en la mente del físico. En este texto, Labatut ya añade elementos de ficción para representar la pesadilla verídica de un científico ante su propio descubrimiento: «tal vez la culpa radicaba en su propio ingenio». A partir de ahí, elabora una narración biográfica para explicar el perfil psicológico de una mente obsesionada con «descifrar la forma en que está organizado el universo». Incluso llega a perder la visión de un ojo, con tal de observar las particularidades de un eclipse. Solo un personaje tan excesivo e impulsivo como Schwarzschild podría ser capaz de imaginar el límite absoluto de los dioses. En palabras del propio Einstein: «la fuente de su búsqueda era el goce, el placer que siente un artista, el vértigo del visionario capaz de discernir los hilos con que se tejen los caminos del futuro». Mucho antes de que Kubrick hiciera que su protagonista se perdiese en los albores del infinito, este astrónomo alemán logró «alcanzar el centro del abismo» de forma matemática.

La literatura ilumina aquello que la ciencia oscurece”.


El corazón del corazón

Obi-Wan Kenobi (2022) – Deborah Chow (ver en Disney+)

En el tercer relato, el autor se traslada al terreno de las matemáticas puras y elige como protagonistas a dos auténticos ascetas de los números: Shinichi Mochizuki y Alexander Grothendieck. En su propósito de darle sentido a aquellos abismos que ni los propios científicos son capaces de resolver, se interna en la obsesión artística de estos personajes a través de la ficción. ¿Cómo generar tensión en la escritura sobre temas tan arduos como estos? La respuesta es el misterio que generaron sus obras en los fundamentos propios de la ciencia y la manera en que estas surgieron. Al leer este relato no pude obviar la referencia indirecta a Benno von Archimboldi, el escritor ficticio de ‘2666’ al que Bolaño convirtió en protagonista de su obra magna. Mientras sus libros generaban una literatura inmensa de teorías y especulaciones, nadie sabía quién era ni dónde estaba realmente Archimboldi.

El japonés se establece como el primer paradigma de este conflicto. En la madrugada del 31 agosto de 2012 este misántropo matemático sin habilidades sociales, subió a su blog una demostración de más de 500 páginas sobre «la prueba de una de las conjeturas más importante de la teoría de números, conocida como a+b=c». La respuesta de la comunidad científica fue inminente e incluso se formaron congresos a los que Mochizuki se negaba a comparecer. Su poderosa ambición le había llevado a crear otra forma de pensar los números por medio de una nueva geometría inaccesible para los demás: «ha creado un universo completo del cual él es, por el momento, el único habitante».

A pesar de gozar de una recepción soñada por cualquier artista, Mochizuki renegó sin explicación alguna de su propia obra, de la misma forma en que Kafka le imploró a su colega Max Brod que «quemara todos sus escritos después de su muerte» (en este enlace puedes ver cómo es una reacción común entre muchos de los grandes escritores del canon). Dentro del campo de las matemáticas, según Labatut, este fenómeno tiene su referente en ‘la maldición de Grothendieck’.

La biografía de este matemático parece haber sido extraída de una novela de fantasía y como material literario retuerce aún más los valores de realidad y ficción. Considerado apátrida por numerosos hechos biográficos en los que Labatut se detiene para engordar aún más el perfil fascinante de Alexander Grothendieck hasta hacerlo fagocitar. Se le atribuyen dos revoluciones en el mundo del álgebra y es «lectura obligatoria para todos los matemáticos del mundo». Suyos son los postulados sobre los que Mochizuki trabajó en su imposible conjetura, hasta incluso fundirse en su propia personalidad. Grothendieck acabó renegando del mundo con la idea de que serían los científicos (con sus descubrimientos) quienes «caminaban como sonámbulos hacia el Apocalipsis».

Oppenheimer (2023) – Christopher Nolan (ver en cines)

Con la culpabilidad y el miedo atroz a que el mundo sufriera las consecuencias de sus propios descubrimientos, decide desvanecerse por completo del mapa. Pasó así los últimos años de su vida convertido en un asceta encapuchado sin nombre, a lo largo de los pequeños pueblos del Pirineo francés; al igual que Obi-Wan Kenobi exiliado en Tatooine, portador de un saber inconfesable. Su obsesión por encontrar ‘el corazón del corazón’ de las matemáticas lo llevó incluso a escribir esta carta en 2010, 4 años antes de su muerte:

«I do not intend to publish or republish any work or text of which I am the author, in any form whatsoever, printed or electronic, whether in full or in excerpts, texts of personal nature, of scientific character, or otherwise, or letters addressed to anybody, and any translation of texts of which I am the author».

La ficción del chileno juega con los escuetos datos verídicos de una desaparición épica e incluso se atreve a transgredir la verdad en favor de la verosimilitud: cruza los destinos de ambos apóstatas para enfatizar aún más si cabe la tragedia de sus culpas.


Cuando dejamos de entender el mundo

‘El gato de Schrödinger’ es un hermoso experimento mental propuesto por el físico austriaco Erwin Schrödinger en 1935. El ejercicio consiste en imaginar un gato encerrado en una caja con un mecanismo que libera un veneno si se detecta la desintegración de un átomo radiactivo. Según la mecánica cuántica, el átomo puede estar en una superposición de dos estados: desintegrado y no desintegrado. Esto implica que el gato también estaría en una superposición de dos estados: vivo y muerto. Solo al abrir la caja y observar el gato, se colapsaría la superposición y se revelaría el estado real del gato: «La realidad no existe como algo aparte del acto de observación». Esta conjetura plantea interrogantes sobre la interpretación de la realidad, la naturaleza de la observación y la relación entre lo microscópico y lo macroscópico. Sin embargo, el colmo de su paradoja es que el propósito fundamental de su experimento mental era subrayar el carácter absurdo de la mecánica cuántica en forma de chiste: «el nombre del austriaco quedó para siempre asociado a ese intento fallido de negar las ideas que él mismo había ayudado a crear».

El cuarto y último relato de ‘Un verdor terrible’ plantea la rivalidad expresa del físico teórico alemán Werner Heisenberg, respecto a las teorías de Erwin Schrödinger: «lo que escribe apenas tiene sentido, en otras palabras, ¡es una mierda!»; hasta el desenlace histórico en la Conferencia de Solvay en 1927 que terminó con el enfrentamiento retórico entre aquellos fervientes de la física clásica que creían aún en el sentido común de las leyes naturales (causas y resultados) y los nuevos teóricos de la mecánica cuántica que abrazaban el principio de incertidumbre (probabilidades).

Albert Einstein: “¡Dios no juega a los dados con el universo!”

Niels Bohr: “No es nuestro lugar decirle a Él cómo manejar el mundo”.

Quinto congreso de Solvay, celebrado en octubre de 1927 en Bruselas.

Schrödinger y Heisenberg fueron dos de los fundadores de la mecánica cuántica, la teoría que describe el comportamiento de las partículas subatómicas. Sus enfoques eran contrarios pero complementarios. Schrödinger se basaba en la idea de que los electrones se comportan como ondas y pueden describirse mediante una función de onda que da la probabilidad de encontrarlos en cada punto del espacio. Heisenberg, por el contrario, se centraba en las cantidades observables, como la posición y el momento, y afirmaba ls relación de incertidumbre entre ellas, de modo que no se pueden medir con precisión al mismo tiempo. Mientras que Schrödinger buscaba una imagen intuitiva y simplificada del átomo, Heisenberg aceptaba la complejidad y el azar inherentes al mundo cuántico: «había percibido un núcleo oscuro en el centro de las cosas».


Autor: Benjamín Labatut

Editorial: Anagrama

Cita: «El físico –como el poeta– no debía describir los hechos del mundo, sino solo crear metáforas y conexiones mentales».


Conclusión

«Los límites de mi lenguaje demarcan los límites de mi mundo».

Ludwig Wittgenstein

Llegados a este punto de mi análisis, me gustaría incidir en que estas explicaciones científicas suponen solamente la materia prima del conflicto existencial que plantea ‘Un verdor terrible’: la hipótesis de que hasta los científicos han dejado de entender el mundo. Es terrorífico pensar en qué punto nos deja a los demás si ni Dios, ni la ciencia pueden explicar el universo. Este no es un libro de divulgación (de no-ficción), de la misma forma en que una novela histórica no es un manual teórico propiamente dicho. En mi opinión es un libro de ficción basado en hechos reales. Un libro de relatos con estructura de poemario y novela. Lo que convierte a este texto en literario es su forma tan creativa, estética y connotativa de enfrentar los conflictos de la epifanía científica.

De veras es un atrevimiento utilizar a personajes como Heisenberg o Schrödinger en un relato literario y consigue sonrojar a cualquier lector poco versado en mecánica cuántica, a la vez que lo anima a adentrarse en ella. Los elementos de ficción que utiliza para romantizar los procesos de epifanía de sus personajes le otorgan un ritmo voraz a la narración, casi gótico o sobrenatural. Además, la narración ensayística en la que aparecen y desaparecen los personajes con el fin último de acompasar un mismo hilo argumental, generan la sensación de extrañamiento propia de los artefactos híbridos. Creo que el elemento poético fundamental de este libro no está en la musicalidad de las palabras escogidas para armar el texto sino en los hilos magníficos de sus asociaciones. Acompañamos a Schrödinger a un hospital de tuberculosos y a Heisenberg a la isla de Heligoland en sus delirios trascendentales en torno a la disección del abismo de un átomo, como si invocaran así un futuro con artes sobrenaturales. Quizás la realidad supere de verdad a la ficción en cuanto a potencial narrador, o sea la física un terreno aún inexplorado en lo poético. Al igual que Christopher Nolan en ‘Oppenheimer’, Benjamín Labatut encuentra en la ciencia un filón que corta si te acercas mucho.

Estas palabras solas el pedestal conmina:
«Me llamo Ozymandias, rey de reyes. ¡Aprende
en mi obra, oh poderoso, y al verla desespera!»

Nada más permanece. Y en torno a la ruina
del colosal naufragio, sin límites, se extiende
la arena lisa y sola que en el principio era».

PERCY BYSSHE SHELLEY


Querido lector, si te ha gustado este texto…no dudes en compartirlo en tus redes sociales. ¡Muchas gracias!

6 autoras que me han marcado como lector
noviembre 13, 2023

#17 Ahora tú

Querido lector, ¡aquí estoy de nuevo para hablarte de libros! Aprovecha ahora para darme un like 😉 que no cuesta nada.

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Siempre he pensado que más allá del uso que normalmente hacemos de las redes sociales (como rincón de la envidia y enorme escupidero de bilis), también hay pequeños espacios de conversación literaria. Así que el otro día no sé quién propuso un sticker en Instagram con el siguiente desafío:

‘6 autoras que te han marcado como lectora’.

Recordé entonces cómo empecé a leer a autoras de manera consciente, gracias a mis compañeras de carrera. Fueron ellas las que me hicieron ver las pocas oportunidades que les había dado (hasta ese momento) a tantas escritoras mujeres que merecen ser leídas. Quién me iba a decir a los 23 años que a los 31 haría una propuesta de apertura del canon literario a este respecto en mi tesis del Master. Aprovecho la ocasión para darles las gracias. En esta entrada voy a dejar que sean las autoras que más me han marcado a mí quienes te hablen directamente. ¡Espero que te gusten estos fragmentos de sus obras!


Ahora tú: Te invito a que aceptes este desafío y elijas tú también a las 6 autoras que más te han marcado como lector.


Posdata: Si consideras interesante mi proyecto y te gustaría que siguiera adelante, puedes invitarme a un café en la plataforma Kofi –a partir de tan solo 3€–. Así me ayudarás a conciliar mi vida laboral con los gastos que supone invertir el tiempo en la palabra y el arte. Contribuirás a financiar los gastos de gestión de esta plataforma y a que el contenido sea cada vez mejor. ¡Ya me habéis invitado 5 veces!, muchísimas gracias.


Wisława Szymborska

El silencio de las plantas

La relación unilateral entre vosotras y yo

no va nada mal.

Sé qué es una hoja, un pétalo, una espiga, una piña, un tallo

y qué os pasa en abril y en diciembre.

Aunque mi curiosidad no es recíproca,

sobre algunas me inclino con especial atención,

y ante otras levanto cabeza.

Tengo nombres para vosotras:

arce, cardo, anémona, brezo,

enebro, muérdago, nomeolvides,

y vosotras no tenéis ninguno para mí.

Hacemos el viaje juntas.

Y durante los viajes, se suele hablar.

Se intercambian opiniones sobre el tiempo

o sobre las estaciones que pasan volando.

No faltarían temas porque tenemos muchas cosas en común.

La misma estrella nos tiene a su alcance.

Proyectamos sombra según las mismas leyes.

Intentamos saber cosas cada una a su manera

y en lo que no sabemos también hay semejanza.

Lo aclararé como pueda, preguntadme:

qué es mirar con los ojos,

para qué me late el corazón

o por qué mi cuerpo no echa raíces.

Pero cómo contestar a preguntas nunca hechas,

si, además, una es

tan nadie para vosotras.

Musgos, sotos, prados y juncales,

todo lo que os digo es un monólogo

y las que escucháis no sois vosotras.

La conversación con vosotras es necesaria e imposible.

Urgente en una vida apresurada

y aplazada hasta nunca.



¿Qué he aprendido de Wisława Szymborska?: que también se puede escribir sobre temas profundos desde lo prosaico. Los poemas de la polaca parecen sencillos pero no lo son y sirven para regar pero también para podar. Muchos parten de situaciones cotidianas que plantean cuestiones metafísicas profundas. Siempre me ha gustado este poema en el que uno se imagina con qué ternura mantiene esa conversación imposible con las plantas: un diálogo necesario que a mi parecer tiene mucho que ver con la escritura y la paciencia. No olvidemos que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1996. Me encanta la facilidad con que desgarra sin pretensiones románticas. Fue una señora adorable.

Editorial: Visor Libros


Chantal Maillard

Escribir

escribir

para decir el grito

para arrancarlo

para convertirlo

para transformarlo

para desmenuzarlo

para eliminarlo

escribir el dolor

para proyectarlo

para actuar sobre él con la palabra

escribir

para descansar

(escribir que el sol, en invierno, es hermoso)

por no llorar tan dentro

tan a escondidas

escribir

hasta la extenuación

para que se derrame el dolor contenido

desde el inicio del mundo

escribir

para rebelarse

sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

porque no hay rebeldía que no esté justificada

ni violencia que no sea, en el fondo,

inocente,

escribir

con derecho al llanto

escribir para curar

escribir para guarecerse

escribir como si cerrase los ojos

para no cerrarlos

para mover la mano y seguir su curso

para sentirse viva

AÚN

para aplazar la angustia

como simulación

para guiar la mente y que no se desboque

para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida

y duerme de pie sobre sí mismo

para saldar las cuentas con el miedo

escribir

para reorganizar

escribir

sin hacer concesiones

escribir

como quien des-espera

para cauterizar

para tomarle las medidas al miedo

para conjurar

para morder de nuevo el anzuelo de la vida

para no claudicar

escribir

para apuntar al blanco



¿Qué he aprendido de Chantal Maillard?: la poesía como forma de filosofía. La escritora belga (afincada en Málaga) es certera como pocos escritores y siempre se encamina hacia la médula espinal de los conceptos. ¿Para qué escribir? Para buscar respuestas, sobre todo; pero también para curar, para ser rebelde, para sobrevivir a una larga lista de razones. Este poema (que pertenece a ‘Matar a Platón’) se erige como una poética pero también como una celebración de la escritura y se enrosca sobre sí mismo en forma de metaliteratura.

Editorial: Galaxia Gutenberg


Alejandra Pizarnik

Árbol de Diana

5

por un minuto de vida breve

única de ojos abiertos

por un minuto de ver

en el cerebro flores pequeñas

danzando como palabras en la boca de un mundo

9

Estos huesos brillando en la noche,

estas palabras como piedras preciosas

en la garganta viva de un pájaro petrificado,

este verde muy amado,

este lila caliente,

este corazón sólo misterioso.

11

ahora

en esta hora inocente

yo y la que fui nos sentamos

en el umbral de mi mirada

13

explicar con palabras de este mundo

que partió de mí un barco llevándome

14

El poema que no digo,

el que no merezco.

Miedo de ser dos

camino del espejo:

alguien en mí dormido

me come y me bebe.

15

Extramo desacostumbrarme

de la hora en que nací.

Extraño no ejercer más

oficio de recién llegada.

23

una mirada desde la alcantarilla

puede ser una visión del mundo

la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos



¿Qué he aprendido de Alejandra Pizarnik?: que la escritura puede ser un buen refugio, cuando no tienes nada más donde aferrarte. Escribe, casi siempre, sobre el dolor y sobre la escritura misma. Un ejemplo de cómo la brevedad suele ser más desgarradora que cualquier larga enumeración. Sus textos tienen forma de cuchillo. Me parece una escritora de raza, romántica, loca y demasiado cuerda para la vida. Es el referente de todas las niñas atormentadas que disfrutan, por primera vez, del poder de la poesía como sostén de su salud mental. Es terrible pensar que, al final, los versos no fueron suficiente para ella y conviene recordarlo.

Editorial: Lumen


Marguerite Yourcenar

«Antínoo era griego; remonté en los recuerdos de aquella familia antigua y oscura, hasta la época de los primeros colonos arcadios a orillas de la Propóntida. Pero en aquella sangre algo acre el Asia había producido el efecto de la gota de miel que altera y perfuma un vino puro. Volvía a encontrar en él las supersticiones de un discípulo de Apolonio, el culto monárquico de un súbdito oriental del Gran Rey. Su presencia era extraordinariamente silenciosa; me siguió en la vida como un animal o como un genio familiar. De un cachorro tenía la infinita capacidad para la alegría y la indolencia, así como el salvajismo y la confianza. Aquel hermoso lebrel ávido de caricias y de órdenes se tendió sobre mi vida. Yo admiraba esa indiferencia casi altanera para todo lo que no fuese su delicia o su culto; en él reemplazaba al desinterés, a la escrupulosidad, a todas las virtudes estudiadas y austeras. Me maravillaba de su dura suavidad, de esa sombría abnegación que comprometía su entero ser. Y sin embargo aquella sumisión no era ciega; los párpados, tantas veces bajados en señal de aquiescencia o de ensueño, volvían a alzarse; los ojos más atentos del mundo me miraban en la cara; me sentía juzgado. Pero lo era como lo es un dios por uno de sus fieles; mi severidad, mis accesos de desconfianza (pues los tuve más tarde), eran pacientes, gravemente aceptados. Sólo una vez he sido amo absoluto; y lo fui de un solo ser».

«He soñado a veces con elaborar un sistema de conocimiento humano basado en el erótico, una teoría del contacto en la cual el misterio y la dignidad del prójimo consistirían precisamente en ofrecer al Yo el punto de apoyo de ese otro mundo. En una filosofía semejante, la voluptuosidad sería una forma más completa, pero también más especializada, de este acercamiento al Otro, una técnica al servicio del conocimiento de aquello que no es uno mismo».



¿Qué he aprendido de Marguerite Yourcenar?: que el doble es parte indisoluble del Yo, puesto que no hay otra forma de explicar el propio cuerpo si no es a partir de la relación con el Otro. Pero sobre todo he aprendido que hay libros insuperables como este en el que todos los géneros forman un artefacto híbrido poético, histórico, narrativo, epistolar…Es la mejor novela histórica que he leído en mi vida y a la vez la más bella carta de amor. Además, fue Julio Cortázar quien lo tradujo al español. Una obra maestra que la francesa tardó 25 años en escribir.

Editorial: Edhasa


Louise Glück

Maitines

Veo que contigo es como con los abedules:

no debo hablarte

de manera personal. Muchas

cosas han pasado entre nosotros. ¿O

fue siempre solo

por mi parte? Me

siento culpable, culpable, te pedí

humanidad –no estoy más necesitada

que otra gente. Pero la ausencia

de todo sentimiento, de la menor

preocupación por mí –También podría

hablar con los abedules,

como en mi otra vida: dejar

que hagan lo peor, dejar

que me entierren con los románticos,

que sus afiladas hojas amarillas

caigan y me cubran.


¿Qué he aprendido de Louise Glück?: simplemente aprendo traduciendo a la Premio Nobel de Literatura 2020 y su forma de abordar las ilusiones perdidas, a partir de oraciones que dan forma a un paisaje. Para mí, leer sus poemas es como mirar por la ventana.

Editorial: Visor Libros


Blanca Andreu

El sueño oscuro

Cómo me parecerá extraño el aire que me envuelve,

cómo será así extraño,

cuando tú ya no estés,

la catedral del día,

el claustro que consensa la gran edad de la luz

y el carácter de las tormentas.

Amor mío, amor mío, tú sin día para ti,

enjambrado entre espejos y entre las cosas malas,

muerta la plata trascendental

y las ya antiguas anémonas de égloga,

muerta esta versión, que ahora oscuro, y declino, para leerla,

más jóven.

Amor mío de nunca, afiebrado y pacífico,

versos para el pequeño pulpo de la muerte,

versos para la muerte rara que hace la travesía de los teléfonos,

para mi mente debelada versos, para el circuito del violín,

para el circuito de la garza,

para el confín del sur, del sueño,

versos que no me asilen ni sean causa de vida,

que no me den la dulce serpiente umbilical

ni la sala glucosa del útero.



¿Qué he aprendido de Blanca Andreu?: la suficiencia creadora de imágenes y cómo el surrealismo puede integrarse en una retórica menos charlatana de la de aquellos locos de los años 20 que integraron por primera vez los sueños en el laboratorio literario. Es una fábrica interminable de simbología, es poderosa y misteriosa. Aún no he logrado encontrar un libro suyo en papel, lo que agranda su leyenda de poeta.

Lectura creativa
octubre 20, 2023

#16 O copiando a Julio Cortázar

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Querido lector, esta semana te abro las puertas de mi intimidad para que me conozcas un poco más. Este espécimen soy yo mismo en mi hábitat natural, tal y como pastan los animales de las grandes pampas. En mi casa hay más libros que muebles y, por lo general, todos los muebles están llenos de libros. Por orden, en la imagen vemos un sofá y una manta. Sobre el sofá estoy yo y, sobre mí, una libreta en la que habito también de alguna manera (¿quién está encima de quien ahora?). Una foto robada de la propia cámara, quién se lo iba a decir a ella. Sobre la tela que se ha desprendido un poco de las aristas del sofá, hay una bolsa de la librería Picasso de Granada (porque no hay que comprar en Amazon); que transportó el libro ‘Lo que el pájaro bebe en la fuente y no es el agua’ (2022): dice allí Chantal Maillard que escribe «para que el agua envenenada / pueda beberse». Al lado hay un paquete de folios y una respuesta inocente, en una página escrita con cuatro versos. Escribir, por lo general, es una reacción a la lectura. La conversación con el Otro: mi propio manantial de agua potable, contaminada por mis emociones y vicios, filtrada a través de algún flujo creativo. Si quieres que siga brotando líquido de este pequeño venaje, comparte este boletín con un amigo (por favor ;). Yo escribo para regar. Así encuentro las semillas más escondidas del suelo.


Lo que el pájaro bebe en la fuente y no es el agua, Chantal Maillard

Autora: Chantal Maillard

Editorial: Galaxia Gutenberg

Cita: «escribir / para desestructurar / para vencer / las estructuras / para contra / decir / lo dicho / para demoler».


«Yo siempre he escrito. Desde antes de leer ya escribía. Lo necesitaba. Pero lo hacía mal. ¿La razón? No se puede escribir bien si uno no posee el hábito de la lectura. Sin leer, imposible escribir. Y comencé a escribir para conocer el mundo y, sin darme cuenta, empecé a conocerme mejor. Llegaba a conclusiones que antes se me escapaban. En todos mis libros -que ya son bastantes; no sé si demasiados- intento hacer literatura pero dejando vías abiertas a la reflexión. De paso, a los sueños».

‘¿Por qué escribo y para qué escribo?’ – Antonio García Teijeiro


‘Los libros de Alba’ – © Pablo Melgar, Bruselas (2021).

Se lee en el sofá y se escribe en la terraza, así suele ocurrir a veces (otras no). Los libros cerca, donde pueda cogerlos alargando solo la mano. La lectura sirve para desordenar la casa y redistribuir así la disposición de las cosas. Cualquier orden nace diseñado para ser subvertido. Hay una inversión en el sistema de jerarquías, cuando uno se atreve a alterar el equilibro de una biblioteca. Se desordena lo de fuera, para ordenar lo que hay dentro.


Los libros manoseados son aquellos libros vividos.


Hay libros. Hay libros por todas las partes de la casa. Y en el impulso de adentrarse en ese agujero de gusano, el habitante de la casa (aquel que paga el alquiler del apartamento, en el barrio del Realejo de Graná y que, de una manera u otra, ha conseguido cada uno de esos libros que ahora cohabitan la casa con él (pero sin contribuir a pagar un alquiler, ¡todo lo contrario!) está ahora sometido a una especie de ruleta rusa, a un juego totalmente arbitrario. Porque…¿de dónde viene ese impulso?

La sensación de que, ahora mismo, justo en este instante fuera del tiempo; parece una buena idea coger ese libro (ese libro entre todos los demás libros que habitan la casa) y no otro. Dejarte llevar por el discurso del Otro. Haber sido derrotado en un debate, forzado a escuchar todos los puntos de vista de un interlocutor fantasma que, a las malas, se ha visto en la encrucijada de cambiar completamente de género hasta practicar el soliloquio.


Por qué ese libro y no otro, no sabes por qué.


Simplemente abres la página y buscas un lugar cómodo donde yacer, dónde abandonarte a ti mismo como recorren los salmones hasta 11.000 kilómetros solamente para morir. Un libro que abres y que es el resultado de un impulso anterior, el impulso de Otro yo que ya tuvo el proyecto de abandonarse en ese discurso antes de ti y que decidió invertir parte de su tesoro en ofrecerte ahora esta posibilidad de huir o de regarte (según se mire), justo esta noche.

Esta verborrea tiene que ver con este libro que abres en el mes de noviembre y que además se llama ‘Noviembre’ y que ya leíste en otra vida distinta pero seguro que en el mismo mes en el que vivías. En otra vida dentro de una librería, en el espacio en el que ese azar se multiplica exponencialmente puesto que hay bastantes más libros de los que habitan contigo en este apartamento del barrio del Realejo de Graná, en el que abres el libro y te abandonas al discurso de un Creador.


Noviembre, Gustave Flaubert

Autor: Gustave Flaubert

Editorial: Interzona

Cita: «Amo el otoño. Esta triste estación es apropiada para los recuerdos. Cuando los árboles pierden todas sus hojas, cuando el cielo crepuscular aún conserva ese tinte rojizo que dora la hierba marchita, resulta dulce ver cómo se apaga todo aquello que, poco antes, ardía en nuestro interior.

Acabo de regresar de mi paseo por los prados vacíos, junto a los fríos fosos en los que se miran los sauces».


Gracias a la arbitraria decisión de un instinto que decide acercarse a leer el título de ese libro de lomo blanco entre tanto lomo negro en la estantería. Llamado por el contraste y la soledad de ese rectángulo blanco que te ha llamado la atención. ¿Empatizaste acaso con esa oveja blanca en un rebaño de ovejas negras? ¿Te sientes acaso igual de diferente? ¿O quizás solo eres víctima de las estrategias del neuromarketing? Espacio en blanco en un código de barras, de alguna manera te atrae hacia él y te ves a ti mismo ladeando la cabeza hacia la derecha y leyendo la palabra ‘Noviembre’ con el rabillo del ojo. Y el pecho se te hincha, muy rápido, como si acabaras de ser testigo de la aparición mística o de eso que Joyce llamaba «epifanía» o lo que siente aquel cuando se ve reflejado en las líneas del horóscopo de esta semana.

La palabra ‘Noviembre’ te dice algo porque estás triste y además porque el calendario marca el mes de ‘Noviembre’ y algo te decía, antes de salir a la calle, que seguramente jamás olvidarías ese justo mes de noviembre (entre todos los noviembres anteriores) porque nunca habías experimentado tal grado de tristeza. El abandono de tus ilusiones quizás sólo es verdaderamente relevante en la medida en que sientes la fruta madurar y hay un vértigo en cada esquina, una imposibilidad de mirar atrás, de volver; que te ha llevado a estructurar la siguiente frase en tu monólogo interior, cuando metías el primer pie en la ducha: “así que esto significa hacerse mayor y que te pasen cosas”.

Así que te metiste en la ducha, como el protagonista de un accidente en cadena: la ducha que te llevó a vestirte como si te vistieses para una cita contigo mismo, para ir a un lugar al que aún no has decidido ir. Se marcha la tarde pero aún así decides salir a la calle, sin rumbo y cuando ya está oscureciendo. De alguna manera tus pasos te han llevado directamente a esa librería de la Gran Vía en la que en realidad nunca entras porque te parece vulgar comprar libros en la Gran Vía de una ciudad: a ti que eres un bohemio y que tu hogar está en los rincones olvidados de la ciudad, donde los libros se consiguen cómo se consiguen los pollos de cocaína o las bolsitas de marihuana en un callejón sombrío o cualquier tipo de droga que te proporciona alguien con cara de disimulo y tremenda actitud serena, para calmarte la ansiedad.


‘Pensando versos en la terraza de Alba’ – © Pablo Melgar, Bruselas (2021).

«Tardamos bastante más de lo que calculan los maestros en entender la escritura como búsqueda personal de expresión. El primer aliciente para expresarse por escrito de una manera espontánea surge, precisamente, como rebeldía frente a su mandato. La ruptura con los maestros es condición necesaria para que germine la voluntad real de escribir».

‘El cuento de nunca acabar’ – Carmen Martín Gaite


De esta forma, llego a la conclusión de que leer me calma. Después de empezar a leer el primer capítulo de ‘62/Modelo para armar’ escribo estos párrafos. Nunca he conseguido llegar al segundo, porque siempre me domina una música que me arrastra a ponerme a escribir por algún motivo. En la música hay una dicción, en esa dicción un patrón rítmico que me propongo copiar. En el libro: «’Quisiera un castillo sangriento’, había dicho el comensal gordo. ¿Por qué entré en el restaurante Polidor? ¿Por qué, puesto a hacer esa clase de preguntas, compré un libro que probablemente no habría de leer?». Por eso yo me decido a escribir el día en el que me compré el libro ‘Noviembre’ en el mes de noviembre, con esa misma música y ese mismo afán de preguntármelo todo. Lo que quiero decirte, querido lector, es que uno no deja de leer porque se ponga escribir. La ‘lectoescritura’ o lo que llamo en este boletín como ‘lectura creativa’ es como una trenza. A veces, se escribe para entender lo leído. Para contestar.


‘Lectoescritura’ (RAE): «Enseñanza y aprendizaje de la lectura simultáneamente con la escritura».


62/Modelo para armar, Julio Cortázar

Autor: Julio Cortázar

Editorial: Debolsillo

Cita: «Pero en el fondo sé que todo es falso, que estoy ya lejos de lo que acaba de ocurrirme y que como tantas otras veces se resuelve en este inútil deseo de comprender, desatendiendo quizá el llamado o el signo oscuro de la cosa misma, el desasosiego en que me deja, la instantánea mostración de otro orden en el que irrumpen recuerdos, potencias y señales para formar una fulgurante unidad que se deshace en el mismo instante en que me arrasa y me arranca de mí mismo. Ahora todo eso no me ha dejado más que la curiosidad, el viejo tópico humano: descifrar. Y lo otro, la crispación en la boca del estómago, la oscura certidumbre de que por allí, no por esta simplificación dialéctica, empieza y sigue un camino».



Ejercicio de escritura creativa

Cuéntame en los comentarios, la historia de cómo te compraste un libro.

Forest
febrero 25, 2021

de momento, las fronteras del barrio son una farmacia y un parque, un vagón que recorre el final del juego en eterno retorno. hay flores, hay velas e investigaciones en la esquina que da a mi portal. más allá, un cúmulo de puertas automáticas y fachadas señoriales pero en los oídos nada, solo residuos del tránsito. un teatro vacío. la estructura es matemática, un culto de tenistas que no fingen sus orgasmos. porque también se puede crear un bucle infinito genuino. el de aquel mosquito que acude instintivamente al verde sobre el negro, solo porque le llama la atención. hambre de sangre, de luz de estática, de pulsión de muerte o de cura. el de los tejados sin gatos es mucho más triste. los isósceles son puntiagudos, el aire empapa sin que te des cuenta, la nieve espanta a los felinos de esta ciudad.

Pablo Melgar

No
febrero 21, 2021

Ok. Todavía estoy cabreado, por eso me gusta crear. Lo acepto. A veces, estoy tan en contra de la realidad que simplemente soy incapaz de pensar en determinadas cosas, sin cabrearme demasiado. Hay una competición ahí fuera, tío. Una partida de póker. Y estoy harto de comparar mi fuerza con la de los demás. Te digo que me dejes en paz, con mi propio camino. No lo vuelvas a intentar, que yo ya estoy torcido. En fin, solo quiero decir que estoy en ese periodo de la vida: el tiempo de la creación. Todavía me siento joven. Miro a mi alrededor y solo veo viejos planeando lo que van a hacer el resto de sus vidas. Rellenan sus agendas con años de antelación, renegando del presente: horarios, inversiones, apuestas, créditos bancarios, deseando, fingiendo como trabajo principal. ¿Qué mierda hacen realmente? La sociedad huele a casino, funciona como un casino. Incluso las luces, incluso los beneficios del casino brillan en las aceras. Puedo verlo a través de los ojos de la ambición, el deseo insufrible en sus caras, los discursos que estructuran para crearse a sí mismos. Mírame. Piénsame como una persona de clase alta. Eso es lo que soy. Mira el coche que tengo, ¿a que es la hostia? Yo soy este coche: hay una estrella dentro del círculo de mi mente. ¿Cuánto valgo? ¿Soy realmente un número? Estoy en proceso de convertirme en proveedor. Eso es lo que el sistema querrá de mí, de ahora en adelante. Consigue algo de dinero y conviértete en algo más. Crea algo. Evoluciona en una familia, trasciende tu ser. Endéudate, provee a los demás con todo aquello que no tienes. Sin embargo, lo que el sistema no sabe de mí es que no soy muy familiar. Prefiero crear mundos. Viajar a otras galaxias dentro de mi mente. Experimentar lo que se siente al ser otra persona. Aprender cómo funciona el mundo (o, al menos, una parte de él). Conocer a personas increíbles y aprender algo de ellas. Crear. Crecer. Puedo decir que soy joven. Todavía puede suceder (cualquier cosa). ¿Sabes?, todavía existe la posibilidad de que algún día aproveche mi tiempo. Me rebelo contra el no, porque ya lo tengo. Camino por la calle a la manera del niño.

Pablo Melgar

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