Patrick Clelland
magazine de arte desapercibido

 

«Si los recuerdos se pudieran enlatar, ¿tendrían también fecha de expiración? Si es así, espero que duren siglos».

Chungking Express

 

Esta semana os quiero hablar de una estética que me fascina. No tiene palabras y por eso me arrastra a pensar –por mí mismo– el fondo de su enigma: me recuerda a mis recuerdos, y así sucesivamente. A la manera natural de mirar en 35mm y su artesanía. Al rostro de la vida moderna y sus texturas. A nuestra manera de mirar el tiempo y su decadencia. Para explicarme, he elegido a Patrick Clelland –séptimo aparecido de este magazine de arte desapercibido–. Es un fotógrafo de Sydney, amante de Wong Kar Wai (ya lo sabía pero me lo reconoció en un mail). Él sí fue a Hong Kong para experimentar con su cámara el «step printing» que hizo culto de su director –y quizás le envidio por ello–. Sus imágenes se pueden tocar, son fogonazos de luz sin cable, nos hacen cómplices de los recuerdos de ese viaje al otro lado.

 

 

Dicen que el director hongkonés rodó Chungking Express (1994) como un experimento. Quería hacer algo rápido, mientras se reanudaba el rodaje de su primera superproducción. La paradoja es que el experimento y no la superproducción fue lo que le hizo verdaderamente famoso –lo que hizo que tantos queramos interpretar su estética años después–. El teórico Edward Said nos dio un toque de atención, al respecto, cuando dijo que el orientalismo era la manera de describir el mundo oriental desde los ojos de occidente. ¿No es el ejercicio artístico de Patrick una manera de romper esta distancia, de darle la vuelta?

 

“Es una perla…El paraíso…El paraíso de los compradores…Una «ciudad canalla»…Un árbol sin raíces…El tiempo, lo toma prestado…Un árbol sin raíces…El tiempo, lo toma prestado…Un perro dormido sobre el puente de un barco de vela.”

Liu Yichang sobre Hong Kong – ‘In the mood for love’

 

La obra de Wong Kar Wai me sirvió para entender la enorme contradicción de Hong Kong: antigua colonia inglesa bajo las riendas del gobierno Chino, paraíso capitalista en territorio comunista –desde allí el Imperio juega su papel en la geopolítica del mundo–. Al ver In the mood for love’ (2003) y ‘Chungking Express’ (1994) entendí cómo el lenguaje del cine negro americano y todos sus fetiches –personalidades obsesivas fumando en la oscuridad, planos tenues con niebla, el ejecutivo que se desabrocha la corbata con un vaso de whisky, el despacho y el teléfono, preocupación a medianoche, la marca de la camisa arrugada del detective, la llamada que espera para salvar su tormento–  había sido reescrito por el Otro. Dicen los sociólogos que los hongkoneses tienen un grave problema de identidad: el deseo insaciable de la práctica consumista colisiona con las tradiciones más arraigadas de la cultura china. Personajes rurales de pasado austero acuden a Hong Kong en busca de un futuro diferente, sus deseos son brillantes y se pueden comprar. Sin embargo, la realidad es otra cosa, su punto de intersección es sucio. ¿No es el ejercicio artístico del director una manera de romper distancias, de expresar esas tangentes?

 

“El primer trabajo que leí de Liu
 Yichang –autor de la novela ‘In the mood for love‘– fue ‘Duidao’. El título es una 
traducción al chino del término tête-
bêche, el cual describe los sellos que
 están impresos de arriba abajo, uno 
frente al otro. ‘Duidao’ se centra en la
 intersección de dos historias paralelas
 –la de un hombre mayor y una chica 
joven–. Una habla sobre la memoria, la
 otra sobre la anticipación. Para mí
 tête-bêche es, más que un término
 filatélico, una intersección de 
historias. Puede ser una intersección
 de luz y color, silencio y lágrimas…”

Wong Kar Wai

 

Imagen cotidiana, diría el pedante, pero en este caso nos sirve para empezar el viaje. La composición en las fotografías de Patrick es sobrecargada de elementos y colores, de la misma forma en que lo son las ciudades asiáticas –o la imagen que tenemos de ellas–. Los letreros de neón de los negocios locales conviven con las enormes emes amarillas de McDonalds, se superponen en los escaparates con las millones de caras sin rostro. Espacios vacíos de otra época, aunque no sé de cuál –o al menos esa es la sensación que me da con mis ojos de occidental, al observar Hong Kong y su futurismo decadente, desde la distancia– me transportan al territorio de lo exótico, me permiten ver aquello que no conozco. Estas imágenes me ayudan a romper distancias, a entender el lenguaje de los arquitectos al otro lado del mundo, de los tonos que eligen para guiar a la multitud. No hay una pretensión transformadora de la realidad sino un intento de capturar lo que el ojo ve de manera instantánea, analógica y sin maquillajes. Una exploración que busca un tipo de minimalismo en toda esa saturación.

 

 

Patrick dice que la mitad del tiempo, un fotógrafo no consigue expresarse como quiere. Hay un componente de suerte en su trabajo. Que la luz y el color se alineen de forma natural, para mostrar aquello que está ahí. Que el revelado vaya en armonía con las córneas y el aire. Que el fotógrafo tenga la intuición de encontrar simetrías que no congestionen el papel. La única oportunidad en el gesto de un disparador: el momento de. Por eso me creo todos los paisajes etéreos que me muestra: Bangkok, Kyoto House, Taiwan, Ching Yip Café, Hong Kong, Tara’s House, Japan...son parte de esa exploración.

 

 

Ahora repasemos las influencias de Patrick, el arte en el que se proyecta a sí mismo –a su manera de ver las cosas–. Me cuenta que ve muchas películas antiguas de James Bond, cine negro hongkonés, tramas policiales de los 80. ¿Veis como todos esos lenguajes se mezclan? En tiempos donde la tecnología se empeña en darle cada vez más nitidez a las imágenes que nos representan – QNED, NEO QLED, Mini LED y Micro LED–, hay una corriente que se aparta de esa filosofía, que mira hacia atrás. El #filmwave de Instagram es prueba de ello, una pulsión vintage por el revelado analógico. Esta ola romántica de ‘serie B’ cree que la nitidez no se encuentra en los filtros, que la textura no está en las cosas que miramos sino en la que nuestros ojos son capaces de captar, en una saturación austera de colores familiares basada en la artesanía y la química. Una arquitectura de la mirada que se cimenta en una idea muy básica: el ruido es parte del recuerdo, lo representa mejor.

 

 

#filmisnotdead dice otro hashtag de Instagram que me gusta navegar por las noches, con poca luz. Su pretensión es la textura y la simetría, el pigmento de la luz. Me transporta a los álbumes que contaban mi infancia. Al amarillento de la parte de atrás de esas fotografías. Intuyo en ellas fechas escritas con boli. Dicen que los directores de cine eligen el objetivo de 35mm porque es lo más parecido a nuestra manera de ver las cosas. Esa foto que guardo en un libro –como recuerdo– es la forma más fiel de cómo me veía mi madre cuando tenía 7 años. Los frames de la cuenta @dayzedandconfuzed –Patrick Clelland– me hacen parte de su viaje, de la atmósfera del callejón aquella noche en la que el fotógrafo llegó a Hong Kong pensando en Wong Kar Wai. Soy cómplice de esa curiosidad que preserva esa instantánea con mimo, que la revela en la oscuridad, que la mezcla con químicos, que la hace nacer para que luego el tiempo la descomponga, poco a poco. La fotografía analógica está viva, envejece con nosotros.

 

 

Si te apareces en el feed de Patrick y haces scroll , puedes experimentar ese «step printing» del cine hongkonés del que hablaba antes. Lienzos cargados de fetiches publicitarios propios del cine americano, la mirada en las pequeñas cosas como el francés, la pausa oriental y su eco. Puestos de comida rápida carcomidos por la mugre; siluetas negras se cruzan con nosotros, hablan en nombre de la multitud que camina, se internan en el gueto y en el crimen político –en el corazón de la ciudad y en su mayor secreto–. Un universo oscuro lleno de luces rosas, verdes y amarillas que no acaba de cegar al flâneur pero sí lo frena y lo tranquiliza. Que convierte esos no-lugares tristes en hermosos frescos –casi atractivos–. La paleta de colores es inmensa y a la vez volátil –como es la realidad–. La actitud de los rostros con cara es simple entre tanto rascacielos. Esta manera de colorear la suciedad de los muros, de convertirla en una especie de fetichismo pop, me hace pensar en la Nouvelle Vague francesa y en las películas de Godard. Corremos de la mano por este Museo. Todo desde nuestra mirada es apocalíptico: el ojo del siglo decadente que nos toca vivir. Una vez más, la imagen envejece con nosotros, se vuelve metafísica.

 

 

Os invito a comprar una cámara de usar y tirar, cuando os vayáis de viaje. A renunciar por un día al teléfono. Que no busquéis una versión sublime de vuestros recuerdos. Dejarlos fluir en la memoria, con todo su ruido y soledad. Al revelar las fotografías, una semana después, veréis cómo los lenguajes se cruzan. Que aquel paseo fue único por su textura y por su luz. Aunque esa fotografía sea vuestra, no sabréis realmente si alguien os cogió la cámara en un momento dado. En cada viaje nuestra intuición se irá agudizando, un poco más. Os invito a entrenar vuestra mirada con esta forma de alquimia que es la fotografía, en el que un montón de personajes se cruzan con nosotros y sonríen o muestran su cara más opaca. Os invito a viajar como el fotógrafo, a mirar al Otro con los ojos de Otro –y así sucesivamente–. Desde Estados Unidos a Hong Kong, de camino hacia Australia este texto acabó en España. La belleza es un líquido indescifrable, numerosos lenguajes que se mezclan y a la vez ninguno de todos ellos es. La paciencia en el arte funda territorios nuevos. Solo hay que atreverse a bajar de la nube. A caminarlos de verdad como Patrick. Ese nuevo idioma nos servirá para contar nuestra infancia, lo que conocemos de verdad.

 

 

¿Cómo te expresas?:

El color y la luz, un sentido de tiempo y de lugar, un elemento humano. Una composición que refleje cómo es esa escena en la realidad. Pero incluso si intentas concienzudamente conseguir todo esto, la mitad del tiempo no funciona. Hay siempre un punto de suerte en juego.

 

¿Qué cámaras utilizas?:

Sobre todo uso cámaras de 35mm, normalmente Olympus OM-2N, Canon Prima Super 135, Olympus XA y Olympus Trip 35.

 

 

¿De qué artista aprendes?:

Películas antiguas de James Bond, de gángsters en Hong Kong. Películas policiacas de los 80. Taxi Driver, Lost in Translation, Chungking Express, Night On Earth. Y en la fotografía de Megan Doherty, Leo Berne, Greg Girard, William Eggleston. Libros de fotografía, revistas de National Geographic, de la antigua colección de mi madre y mis abuelos.

 
Una reivindicación:

No estoy muy seguro de a qué te refieres.

 

 

Un defecto:

No sé a qué te refieres –¿defecto en qué?–.

 

Una canción:

“Shinzo No Tobira” de Mariah. Llevo escuchando esta canción en bucle, en los últimos 3 ó 4 años.

 

Una obra / un verso (o los 2):

Old James Bond movies. Hong Kong gangster movies. 80s cop movies. Taxi Driver, Lost In Translation, Chungking Express, Night On Earth.

 

Etiqueta a otro artista:

Clay @neon_gloom

 

Me gustaría saber en qué estás trabajando ahora:

Estoy trabajando en un libro de fotografía de Sydney, el lugar en el que nací y donde sigo viviendo ahora. Algunas de estas fotos son una muestra de esta serie.

Sydney
aparecido #7:

Y hasta aquí lo que os puedo mostrar del séptimo aparecido. Que no se os pase desapercibida su obra:

 

canales de Patrick Clelland:

@dayzedandconfuzed
www.dayzedandconfuzed.com

 

Este texto no pretende ser una crítica ni un análisis, comparto el arte que me gusta y me lleva hacia otros caminos, a otras maneras de entenderlo. Usa el hashtag #km0cool en tus publicaciones de Instagram y sigue a @km0cool si quieres que tu trabajo se comparta. También puedes enviarme tu trabajo directamente a melgar.pablo@gmail.com

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magazine de arte desapercibido.🗣

editor: Pablo Melgar

 

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